Doce entidades benéficas que se sostienen en su mayoría gracias a las aportaciones de particulares y a las subvenciones de la Xunta hacen la vida más soportable a los más pobres de la ciudad.
Toca Caldo.
En la Cocina Económica, hoy que un hace frío que pela, un frío que acelera el paso, las vaharadas y el corazón al caminante que atraviesa Cordelería y que al final alcanza el umbral del número 10, toca Caldo de primero.
Y, de segundo, Paella, así, con mayúscula. Y de tercero, Pescado, con mayúscula también. Y de postre, hoy, Fruta (qué pena, porque ayer había Flan). Y de beber, agua, refrescos y zumos (qué lástima, porque hay días que cae Vino, una botella por cada mesa de cuatro). Todo esto, por seis céntimos de euro. El menú del día en cualquier taberna de a nueve euros no puede ser mejor. Y además está el servicio. Porque aquí se sirve. Aquí no hay que hacer cola con la bandeja a lo largo del mostrador, hasta que al final le echan al plato a cada cual la palada que le corresponde.
Y mientras en el restaurante más antiguo de la ciudad, fundado en 1886, se recogen los platos del último turno, el de las 12.30, para la tercera edad (y a un euro, si ésta tiene posibles), al Banco de Alimentos arriba un camión cargado de yogures de una de esas marcas que más cotizan en el mostrador lácteo, polar, del súper de la esquina. Gonzalo Romero, jubilado y voluntario en este bajo de Cardenal Cisneros, asegura que estas remesas llegan todos los días. Son productos “suntuarios“, que “los pobres no se pueden comprar“, y que ya no se pueden comercializar porque a lo mejor les quedan diez días de “consumo preferente“, y muchos más hasta su fecha de caducidad.
Romero y otros compañeros van por las fábricas, los hipermercados y los almacenes pidiendo que les manden lo que les sobra. Algunas, a las que no vale la pena nombrar, ni siquiera los dejan entrar o rechazan la oferta. Oferta, sí, porque “pagar el transporte“ de los perecederos perecidos hasta Nostián “además del canon para su destrucción en los biodigestores“ les cuesta dinero, mientras que el Banco de Alimentos, mucho más ecológico, resuelve lo del reciclaje en numerosos y hambrientos aparatos digestivos y, aún por encima, pone el camión. Bueno, el camión lo pone Azcar. La mensajera de Pocomaco se encarga de trajinar gratis por toda España con las viandas que gestiona el Banco de Alimentos. De la fábrica estepeña de polvorones al almacén filantrópico de Cardenal Cisneros (que no les hace ascos aunque haya pasado la Navidad), y de este granero coruñés a todas las instituciones benéficas de la comarca y a cualquiera de los otros 39 bancos de alimentos que salpican el país.
Fuente: La Opinión (Domingo, 21-Noviembre-2004) |