Agua caliente con olor a dignidad
Teresita lavaba la ropa en la fuente de Santa Catalina y la colgaba a secar en la iglesia castrense. Pero ahora está mayor y se ha abandonado un poco. El otro día había cigalas, era Navidad, y ella llegó con una caja de mantecados y los repartió con los compañeros, lo mismo que hace con su pensión.
Reparte mantecados y reparte la pensión, pero nadie le regala a ella un lugar en el que echarse al cuerpo un poco de agua caliente ni un tendal en el que poner a orear su dignidad.
Detrás de cada persona hay un mundo, como dice Emilio Suárez, consejero de la junta de gobierno de la Cocina Económica de A Coruña. Y muchas de sus historias, como la de Teresita y tantos otros ciudadanos coruñeses y de todo el mundo que cada día comparten mesa y mantel en un luminoso comedor de la calle Cordelería, se tejen entre los fogones de esta institución centenaria, una de las más antiguas de España y de las únicas que quedan como entidades benéficas de carácter particular.
Tan vetusta como pionera es esta institución, que no se conforma con servir unas 560 raciones de comida diarias. Hace un año empezaron con los desayunos al ver que muchos beneficiarios llegaban hambrientos ya por la mañana tras muchas horas de ayuno. Ahora se han embarcado en una aventura aún más ambiciosa. Y es que a partir de finales de marzo o principios de abril, la Cocina Económica coruñesa se convertirá en la primera de España en abrir en un edificio anexo un completo servicio de duchas, de lavandería y de ropero, del que los usuarios podrán disfrutar todos los días de la semana.
“Moralmente no podemos exigir a los usuarios un mínimo de higiene porque en A Coruña no existen lugares donde te puedas duchar y los antiguos lavaderos de ropa han desaparecido”, explica Emilio Suárez, que recuerda que en los refugios para personas sin hogar sí existe servicio de ducha, pero no puede utilizarse de forma indefinida, sino sólo durante los días de estancia máxima permitida.
[...]
Que nadie piense que comer en la Cocina Económica es sinónimo de caldo aguado y mendrugo de pan duro. Ayer tocaba empanada, fabada y pescado frito, con un pastelito de postre. Más o menos lo mismo que podría estar preparando a esa hora cualquiera de nosotros en los fogones de su casa o un cocinero en su restaurante de menús del día. Además, la comida se sirve bien en el propio comedor o bien se reparte a personas que se llevan las raciones a su casa con vales que les entregan en las parroquias. La idea es que todos tengan derecho a una dieta equilibrada, con comida elaborada con mimo y productos de temporada, más calóricos en invierno y más ligeros en verano, adaptándose incluso a las necesidades de cada comensal si éste tiene que seguir una dieta especial, aunque se dan muy pocos casos.
Todo por seis céntimos de euro o un euro para los usuarios del comedor destinado a la tercera edad y ubicado en la primera planta.
Fuente: El Correo Gallego (Miércoles, 4-Enero-2006) |